El día del vuelo llegó, a las seis de la mañana quedamos todos en el aeropuerto. Una vez allí hicimos todo lo que teníamos que hacer, mi madre nos acompañó, me despedí de ella y cogimos el avión. Unas horas de vuelo que merecieron la pena.
Llegamos a Colombia, por fin. Cogimos nuestras maletas y nos dirigimos hacia el hotel que habíamos reservado, dos habitaciones, una de ellas con una cama de matrimonio y otra individual, en ella dormían Jose y Sara en la de matrimonio y Claudia en la individual, en la otra habitación dormíamos Lucas y yo. Llegamos al hotel y cada uno se fue a su habitación, dejamos las cosas, nos arreglamos y quedamos todos en la recepción del hotel, todavía era por la mañana, así que decidimos ir a desayunar por ahí.
Íbamos a estar un mes en Colombia. Salimos del hotel de cuatro estrellas y fuimos a desayunar a una cafetería de los alrededores. De la que íbamos de camino encontramos una especie de mercado lleno de gente comprando y vendiendo, decidimos asomarnos a ver si había algo interesante, y efectivamente había cosas muy bonitas, ropa, accesorios... Al final nos llevamos alguna que otra prenda.
Todas las colombianas son bastante morenitas y Claudia al ser tan, pero tan blanca se sentía un poco avergonzada. Después de un rato llegamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas de la terraza.
—¿Qué queréis tomar? —Pregunta Jose mientras se levanta de la mesa.
—Una tostada y un café con hielo. —Contesto.
—Yo, un colacao. —Responde Sara.
—Pues a mi pídeme... Un café con hielo también. —Contesta Lucas.
—Marchando. —Dice Jose mientras entra al bar.
Que bonita es Colombia, hay cosas realmente impresionantes, también hay gente bastante peculiar...
Llega Jose a la mesa y se integra en la conversación.
—Vengo ahora, voy al baño. —Digo.
Cuando estoy dentro de aquel bar.
—¡¿RICHARD?!
—¡¿ALBA?!
Sí, efectivamente, era Richard mi compañero de escuela, hacía tanto tiempo que no le veía, habrían pasado 7 años desde la última vez que le vi. Es un chico morenito, de ojos verdes y de pelo castaño. Nos damos un abrazo y rápidamente emprendemos una conversación.
—¡Cuánto tiempo!, ¿Qué haces aquí? —Me pregunta Richard.
—¡Ya!, 7 años más o menos, nada simplemente vine de vacaciones un mes.
—Jo, que bien, me alegro mucho de verte.
Mientras nos damos un abrazo de despedida, entra Lucas alterado.
—¡Eh, tú! sí, tú, suelta a Alba ¡ya!
Richard se separa rápidamente, no quiere problemas.
—¿Qué narices te ha dado? Es sólo un amigo de la infancia.
—Ya, ya, espero que solo sea eso...
Se da la vuelta y sale del bar a sentarse con los demás, yo hago lo mismo.
Richard viene a traernos los cafés y demás, los posa sobre la mesa y se va, Lucas le sigue con la mirada, su expresión facial no es precisamente de felicidad. Acabamos los cafés y nos vamos a dar una vuelta, me despido de Richard, espero volver a verle, fuimos novios de pequeños, pero nada serio, la mítica bobada de niños de preescolar.
Volvimos al hotel a ducharnos, hacía demasiado calor ahí fuera, cada uno en su habitación.
—¿Seguro que sólo es un amigo? —Me pregunta Lucas entrañable.
—¡Claro que sí bobo!
—¿De qué le conocías?
—Como bien dije antes, es un amigo de la infancia, fuimos novios en preescolar.
Las caras que ponía Lucas lo explicaban todo, tendría que haberme callado lo de que fuimos novios...
Una vez todos duchamos decidimos quedar en el restaurante del hotel. Mientras estamos comiendo me llega un mensaje.
"Hola Alba, voy a tardar un poco en llegar a Londres, mi madre quiere pasar unos días en Colombia, cuando llegue a Londres, te aviso, un beso. Carlos."
Todos notaron mi cara de sorpresa, ¿enserio? No me lo creía, ni mucho menos, esto es más que casualidad. En la respuesta le conté que estaba en Colombia también, ya nos veríamos.
Cuando acabé de comer decidí subir a la habitación, no me encontraba bien, todos se quedaron abajo a comer el postre, a mi no me apetecía nada, nada más subir me tumbé en la cama. Después de un rato sube Lucas.
—¿Qué te pasa?
—Nada, simplemente me duele la barriga.
—Normal, estás todo el día comiendo, corta un poco.
¿A qué vino eso? Me pregunto.
—¿Qué cojones dices? Tampoco como tanto. —Respondo furiosa.
—No... —Responde Lucas en tono irónico.
—Vete de aquí, quiero estar sola. —Le digo mientras le dirijo hacia la puerta.
Se va, ¿a qué vino ese estúpido comentario?, ¿Será verdad? Tampoco como tanto... Intento obviar el comentario y vuelvo a la cama.
Sin darme cuenta me quedé dormida, bueno, me vino bien esa pequeña siesta, ¿dónde estarán los demás? Llamo a Sara.
—¡Hola!, ¿dónde estáis? —Pregunto medio dormida.
—Estamos dando una vuelta por Colombia, ¿te unes?
—Sí, ¿dónde estáis?
—En la plaza cerca del mercado, te esperamos aquí, no tardes.
—Me arreglo un poco, y voy.
—De acuerdo.
Salgo del hotel y llego al mercado, ¡esto es tan grande! a saber donde están... Me mezclo entre la gente del mercado, y derrepente me agarran de los brazos, me tapan la boca y los ojos, no veo nada, noto que me cogen en brazos y me meten en una especie de furgoneta o camión, no logro soltarme, estoy atada de pies y manos. Tengo frío. Después de más o menos media hora me sacan de aquel coche, sigo sin ver nada, intento pedir ayuda pero no puedo hablar. Solo oigo ruidos y voces.
—Abre la puerta, la meteremos ahí. —Dice una de las personas.
Me lanzan y caigo sobre una especie de colchón. Me destapan los ojos, son varios hombres, no les puedo ver la cara ya que tienen un pasamontañas que se las cubre, solo se le ven los ojos.
—Acomódate guapa, vas a estar aquí un tiempo.
No entiendo nada, ¿dónde narices estoy?
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