jueves, 4 de julio de 2013

Capítulo 15; Nada tiene sentido.

Pasaron unos días en aquel lugar tan frío y húmedo y lo peor que podía pasar, sucedió, ya me lo imaginaba, pero esperaba que no pasara nada. Yo seguía con los ojos vendados, atada de manos y pies y la boca tapada con un trapo. 

Estaba dormida, cuando derrepente dos hombres uno de ellos con acento colombiano me cogieron en cuello y me sacaron de ese lugar tan desagradable, aquellos hombres no paraban de hacer comentarios entre ellos, no lograba oírles bien. Me llevaron a un lugar, no sabía lo que era, pero daba la sensación de que era un edificio cerrado, algo así como una casa, me lanzaron sobre una cama, esta vez no era un lugar frío y húmedo, más bien era una habitación cálida y cómoda, pero mis nervios no cesaban, estaba tensa y temblaba de miedo. De repente me sonó el móvil, uno de esos hombres lo cogió y no contestó, me lo lanzó a la cabeza y me dijo que contestara, pero que si daba alguna información, lo peor que me podría imaginar, pasaría. 

Seguía sin ver nada, no sabía con quién estaba hablando.

—¿Hola? —Contesté tensa.
—¡Alba!, ¿Dónde narices estás?, No dormiste en el hotel, no nos avisaste y no dabas señales de vida. —Era la voz de Sara, preocupada y sobresaltada.

En ese instante uno de aquellos hombres me quitó la venda de los ojos y el trapo de la boca, esta vez no llevaban pasamontañas, uno de ellos tendría treinta años como mucho, ojos oscuros, piel morena y pelo oscuro, daba la impresión de que era de aquí, el otro hombre tendría veinte años, poco más, era muy guapo pero su aspecto daba miedo, ojos marrones y pelo rubio, piel morena.

—Estoy bien, tranquila, me encontré con unos amigos y fui a su casa, me quedé a dormir aquí, estoy bien, ya hablamos.
—Vale anda, adiós, te quiero.

El hombre más mayor me quito el móvil y lo lanzó contra la pared y rompió, yo me quejé, no debería haberlo echo...

—Eh, oye ¡es mi móvil!
—¿Y qué? ¿Tienes algún problema? —Me dice mientras se acerca a mi.
—No, no...
—Ah, pensaba. —Se vuelve a alejar.

No quiero hacerles enfadar, me dan miedo. Me desatan manos y pies

—Bueno, acomódate.

Dice el joven mientras salen y cierran la puerta con llave.

Que miedo, esta habitación no tiene ventanas, es más o menos grande, de color rosa hay un reloj en la pared paralela a la puerta, cama de matrimonio en el centro, una cómoda con un espejo muy grande. En la cómoda hay perfumes de varias marcas caras, maquillaje, cremas... No entiendo nada. En ese momento me pasan una carta por debajo de la puerta.

La leo en voz baja;

A las diez y cuarto estate lista, tienes maquillaje y lo que necesites encima de la cómoda.

¿Qué esté lista para qué? Estoy asustada, quiero irme con mi madre, espero que esté bien, espero que todos estén bien, no como yo...

Miro el reloj y todavía son las siete y media, tengo tiempo, pero por si acaso voy preparándome ya. Me maquillo un poco, y me arreglo, estoy con la misma ropa con la que me secuestraron, unos shorts, una camiseta de tirantes y unas vans. Todavía no me creo lo que estoy pasando, ¿no será una broma? No lo creo, no conozco esta gente de nada, y no sé dónde estoy, mi móvil está partido a la mitad, nada va bien...

Ya llega la hora, cada vez estoy más nerviosa no sé lo que me puede pasar, entran los dos hombres de antes me atan las manos y me llevan a una especie de salón lleno de mujeres, desde mi edad, hasta poco más de veinticinco años, todas muy ligeras de ropa, me mandan sentarme en un sillón al lado de esas chicas, cuando aparece un hombre, gordito con un puro en la boca, lleno de joyas, iba en traje, muy arreglado y se sienta enfrente de mi.

—Bueno guapa, ¿como te llamas? —Dice mientras da una calada al puro.
—Alb...a. —Digo nerviosa.
—No estés tan tensa, relájate. —Dice mientras hace una mueca.
—Lo intentaré...
—No, aquí no se intenta nada, sí o sí.

Se levanta del sillón que estaba enfrente de mí, me coge del brazo y me lleva a una especie de restaurante que estaba dentro de aquella casa.

—Tenemos que hablar ya que eres nueva.

¿Hablar?,¿Hablar de qué?¿Como qué nueva? Cada vez estoy más confusa y más nerviosa...

Se sienta en una de las sillas que estaban en una mesa y me pide que me siente enfrente de él.

En la mesa hay mucha comida.

—Bueno, Alba, a partir de ahora no serás Alba, todos te conocerán como Maite.
—¿Maite? —Repito extrañada.
—Sí, Maite.
—Está bien... —Digo sin estar conforme.
—Perdón, no me presente, me llamo Gervasio, soy el director de este local
—Ah, que esto es un local, que susto, pensé que me habían secuestrado.
—Llámalo como quieras, pero está claro que de aquí no vas a salir. Nosotros "secuestramos" chicas, para que sean nuestras prostitutas, mis, prostitutas, y si alguno de los chicos quiere algo con vosotras, lo hará y vosotras no podréis quejaros.

Esto es demasiado raro, nunca había oído algo así, esto es de locos, es muy raro. Gervasio me mandó volver a mi habitación, y eso hice.

Cuando llegue al cuarto me tumbé en la cama y otra nota pasaron por debajo de la puerta.


¿Cuántos años tienes? - Vuelve a pasar la nota con la respuesta.

La vuelvo a pasar, si me quito unos años pensarán que soy muy pequeña y no me harán daño, no está mal mentir de vez en cuando.

catorce recién cumplidos.

En realidad tengo quince, y pronto cumplo dieciséis. Tardan en volver a pasar la siguiente nota, esta vez, ponía;


¿Eres virgen?
Las preguntas que me hacían no eran nada normales, ni las preguntas ni nada, nada era normal, era muy surrealista todo. Parecía una película. Y otra vez, tenía que mentir para que no me hicieran nada.


Sí soy virgen.

Otra nota que pasa por debajo de la puerta, esta ponía que podía irme a dormir tranquila. Debajo de la almohada había un pijama. ¿Qué pijama era ese? No tapaba nada...

Mientras estoy durmiendo noto como que una persona me tapa los ojos con un pañuelo, me quita la sábana que me tapaba, me coge y me saca de la habitación, me lleva a otra sala, era otro cuarto, más amplio, era solo una persona, me empieza a pegar y me intento defender, cada vez los golpes son mas duros, me raja la camiseta del pijama, me sigue pegando golpes, tanto en la cabeza, como en el estómago, golpes fuertes, noto las intenciones y no son nada buenas, me intenta bajar la parte de abajo del pijama, pero ya no le dejo, le doy una patada y cae al suelo, me quito el pañuelo de los ojos y salgo corriendo y consigo salir de esa casa, llego al jardín pero un grupo de hombres me rodean y no me dejan salir, uno de ellos me empuja y...

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