Me pongo nerviosa, las piernas me empiezan a temblar pero inesperadamente aparece el hombre aquel que me había metido en la habitación acompañado de otro hombre, aquel que aparentaba veinte años, me agarra del brazo bruscamente y me grita que corra. Ahora sí que no entendía nada... Conseguimos escapar de todos aquellos hombres que me rodeaban y me mete en un coche, arranca y salimos de aquel recinto, yo estaba confusa y asustada, poco a poco empezaban a perseguirnos coches, coches y más coches, pero a la misma vez se perdían en la profundidad de la noche.
Aquel hombre parecía tranquilo.
—Estate tranquila, no te va a pasar nada más, esa gente es muy mala, pero no les vas a volver a ver. — Me hablaba con voz tranquilizadora.
—Muchas gracias, necesitaba oír algo así. Si esa gente es tan mala, ¿por qué trabajas para ellos? — Respondo con voz tranquilizadora.
—En realidad me obligaron a trabajar para ellos hará unas semanas, y cuando me enteré de lo que hacían con las mujeres... en fin. Me pareció algo rastrero.
—Repito, muchas gracias, estaba muy asustada.
—¿Recuerdas las notas que te pasaron por debajo de la puerta?
—Sí, ¿por qué?
—Era el dueño, solo quería aprovecharse de ti... Asqueroso.
Después de un largo viaje en coche, acompañado de una conversación, llegamos a la carretera general y abandonamos aquel camino que conducía al infierno.
—Bueno, dime donde vives y te acercaré a tu casa. —Responde aquel joven.
Le indiqué y rápidamente llegamos al hotel,me bajé y me dió su número de teléfono, por si algún día necesitaba algo. Le di las gracias repetidamente.
Llegué a la habitación donde estaban Sara, Claudia y Jose. Evidentemente estaban durmiendo, ya que eran las 04:25 de la mañana. Les desperté con un grito, me senté en uno de los sillones que había cerca de las camas, se despertaron rápidamente, yo me derrumbé a llorar, Jose fue a despertar a Lucas, una vez todos en la habitación entre lágrimas y escalofrios les conté todo con detalle, todos vinieron a abrazarme con frases tranquilizadoras. Una vez tranquila, cada uno volvió a su habitación, pero Jose se fue con Lucas y yo me quedé con las chicas y seguí dandoles aún más detalle.
Ya por la mañana todos nos despertamos, me acerqué a mi bolso, y me di cuenta de que no tenía el móvil, ya que me lo rompieron, le pedí el móvil a Sara y llamé a "mi salvador" del que sigo sin conocer el nombre.
—¿Sí? —Responde aquel hombre.
—¡Hola! Soy Alba.
—¡Alba! Tengo una cosa para ti, dentro de media hora en "La Sirena".
Al finalizar la frase, colgó. La sirena es una cafetería que está muy de moda en Colombia, pasó la media hora y me acerqué allí con Claudia, Lucas, Sara y Jose, sinceramente ya me daba miedo andar sola por la calle. Después de unos minutos eaperando aparece.
— Alba, aquí tienes.
—¡Mi móvil!
—Sí. —Contesta entre risas.
—Pero si estaba roto.
—Se me da bien eso de arreglar cosas. —Vuelve a contestar entre risas.
No lo dudo, me levanto y le abrazo.
—Pero, una cosa ¿cómo te llamas? Esque tengo una intriga. —Respondo haciendo una mueca acompañada de unas risas.
— Me llamo Ramón, pero todos me llaman "monty" no preguntes por qué — Se rie.
—Bueno, me darás tu número para tomar algo algún día ¿no? —Contesta seguidamente.
—Claro. —Se lo doy.
Miro hacia mis amigos y están todos mirando fijamente a Monty. ¿Por qué razón?
Los pequeños cuentos se convierten en grandes historias.
lunes, 25 de noviembre de 2013
jueves, 4 de julio de 2013
Capítulo 15; Nada tiene sentido.
Pasaron unos días en aquel lugar tan frío y húmedo y lo peor que podía pasar, sucedió, ya me lo imaginaba, pero esperaba que no pasara nada. Yo seguía con los ojos vendados, atada de manos y pies y la boca tapada con un trapo.
Estaba dormida, cuando derrepente dos hombres uno de ellos con acento colombiano me cogieron en cuello y me sacaron de ese lugar tan desagradable, aquellos hombres no paraban de hacer comentarios entre ellos, no lograba oírles bien. Me llevaron a un lugar, no sabía lo que era, pero daba la sensación de que era un edificio cerrado, algo así como una casa, me lanzaron sobre una cama, esta vez no era un lugar frío y húmedo, más bien era una habitación cálida y cómoda, pero mis nervios no cesaban, estaba tensa y temblaba de miedo. De repente me sonó el móvil, uno de esos hombres lo cogió y no contestó, me lo lanzó a la cabeza y me dijo que contestara, pero que si daba alguna información, lo peor que me podría imaginar, pasaría.
Seguía sin ver nada, no sabía con quién estaba hablando.
—¿Hola? —Contesté tensa.
—¡Alba!, ¿Dónde narices estás?, No dormiste en el hotel, no nos avisaste y no dabas señales de vida. —Era la voz de Sara, preocupada y sobresaltada.
En ese instante uno de aquellos hombres me quitó la venda de los ojos y el trapo de la boca, esta vez no llevaban pasamontañas, uno de ellos tendría treinta años como mucho, ojos oscuros, piel morena y pelo oscuro, daba la impresión de que era de aquí, el otro hombre tendría veinte años, poco más, era muy guapo pero su aspecto daba miedo, ojos marrones y pelo rubio, piel morena.
—Estoy bien, tranquila, me encontré con unos amigos y fui a su casa, me quedé a dormir aquí, estoy bien, ya hablamos.
—Vale anda, adiós, te quiero.
El hombre más mayor me quito el móvil y lo lanzó contra la pared y rompió, yo me quejé, no debería haberlo echo...
—Eh, oye ¡es mi móvil!
—¿Y qué? ¿Tienes algún problema? —Me dice mientras se acerca a mi.
—No, no...
—Ah, pensaba. —Se vuelve a alejar.
No quiero hacerles enfadar, me dan miedo. Me desatan manos y pies
—Bueno, acomódate.
Dice el joven mientras salen y cierran la puerta con llave.
Que miedo, esta habitación no tiene ventanas, es más o menos grande, de color rosa hay un reloj en la pared paralela a la puerta, cama de matrimonio en el centro, una cómoda con un espejo muy grande. En la cómoda hay perfumes de varias marcas caras, maquillaje, cremas... No entiendo nada. En ese momento me pasan una carta por debajo de la puerta.
La leo en voz baja;
¿Qué esté lista para qué? Estoy asustada, quiero irme con mi madre, espero que esté bien, espero que todos estén bien, no como yo...
Miro el reloj y todavía son las siete y media, tengo tiempo, pero por si acaso voy preparándome ya. Me maquillo un poco, y me arreglo, estoy con la misma ropa con la que me secuestraron, unos shorts, una camiseta de tirantes y unas vans. Todavía no me creo lo que estoy pasando, ¿no será una broma? No lo creo, no conozco esta gente de nada, y no sé dónde estoy, mi móvil está partido a la mitad, nada va bien...
Ya llega la hora, cada vez estoy más nerviosa no sé lo que me puede pasar, entran los dos hombres de antes me atan las manos y me llevan a una especie de salón lleno de mujeres, desde mi edad, hasta poco más de veinticinco años, todas muy ligeras de ropa, me mandan sentarme en un sillón al lado de esas chicas, cuando aparece un hombre, gordito con un puro en la boca, lleno de joyas, iba en traje, muy arreglado y se sienta enfrente de mi.
—Bueno guapa, ¿como te llamas? —Dice mientras da una calada al puro.
—Alb...a. —Digo nerviosa.
—No estés tan tensa, relájate. —Dice mientras hace una mueca.
—Lo intentaré...
—No, aquí no se intenta nada, sí o sí.
Se levanta del sillón que estaba enfrente de mí, me coge del brazo y me lleva a una especie de restaurante que estaba dentro de aquella casa.
—Tenemos que hablar ya que eres nueva.
¿Hablar?,¿Hablar de qué?¿Como qué nueva? Cada vez estoy más confusa y más nerviosa...
Se sienta en una de las sillas que estaban en una mesa y me pide que me siente enfrente de él.
En la mesa hay mucha comida.
—Bueno, Alba, a partir de ahora no serás Alba, todos te conocerán como Maite.
—¿Maite? —Repito extrañada.
—Sí, Maite.
—Está bien... —Digo sin estar conforme.
—Perdón, no me presente, me llamo Gervasio, soy el director de este local
—Ah, que esto es un local, que susto, pensé que me habían secuestrado.
—Llámalo como quieras, pero está claro que de aquí no vas a salir. Nosotros "secuestramos" chicas, para que sean nuestras prostitutas, mis, prostitutas, y si alguno de los chicos quiere algo con vosotras, lo hará y vosotras no podréis quejaros.
Esto es demasiado raro, nunca había oído algo así, esto es de locos, es muy raro. Gervasio me mandó volver a mi habitación, y eso hice.
Cuando llegue al cuarto me tumbé en la cama y otra nota pasaron por debajo de la puerta.
La vuelvo a pasar, si me quito unos años pensarán que soy muy pequeña y no me harán daño, no está mal mentir de vez en cuando.
En realidad tengo quince, y pronto cumplo dieciséis. Tardan en volver a pasar la siguiente nota, esta vez, ponía;
Otra nota que pasa por debajo de la puerta, esta ponía que podía irme a dormir tranquila. Debajo de la almohada había un pijama. ¿Qué pijama era ese? No tapaba nada...
Mientras estoy durmiendo noto como que una persona me tapa los ojos con un pañuelo, me quita la sábana que me tapaba, me coge y me saca de la habitación, me lleva a otra sala, era otro cuarto, más amplio, era solo una persona, me empieza a pegar y me intento defender, cada vez los golpes son mas duros, me raja la camiseta del pijama, me sigue pegando golpes, tanto en la cabeza, como en el estómago, golpes fuertes, noto las intenciones y no son nada buenas, me intenta bajar la parte de abajo del pijama, pero ya no le dejo, le doy una patada y cae al suelo, me quito el pañuelo de los ojos y salgo corriendo y consigo salir de esa casa, llego al jardín pero un grupo de hombres me rodean y no me dejan salir, uno de ellos me empuja y...
Estaba dormida, cuando derrepente dos hombres uno de ellos con acento colombiano me cogieron en cuello y me sacaron de ese lugar tan desagradable, aquellos hombres no paraban de hacer comentarios entre ellos, no lograba oírles bien. Me llevaron a un lugar, no sabía lo que era, pero daba la sensación de que era un edificio cerrado, algo así como una casa, me lanzaron sobre una cama, esta vez no era un lugar frío y húmedo, más bien era una habitación cálida y cómoda, pero mis nervios no cesaban, estaba tensa y temblaba de miedo. De repente me sonó el móvil, uno de esos hombres lo cogió y no contestó, me lo lanzó a la cabeza y me dijo que contestara, pero que si daba alguna información, lo peor que me podría imaginar, pasaría.
Seguía sin ver nada, no sabía con quién estaba hablando.
—¿Hola? —Contesté tensa.
—¡Alba!, ¿Dónde narices estás?, No dormiste en el hotel, no nos avisaste y no dabas señales de vida. —Era la voz de Sara, preocupada y sobresaltada.
En ese instante uno de aquellos hombres me quitó la venda de los ojos y el trapo de la boca, esta vez no llevaban pasamontañas, uno de ellos tendría treinta años como mucho, ojos oscuros, piel morena y pelo oscuro, daba la impresión de que era de aquí, el otro hombre tendría veinte años, poco más, era muy guapo pero su aspecto daba miedo, ojos marrones y pelo rubio, piel morena.
—Estoy bien, tranquila, me encontré con unos amigos y fui a su casa, me quedé a dormir aquí, estoy bien, ya hablamos.
—Vale anda, adiós, te quiero.
El hombre más mayor me quito el móvil y lo lanzó contra la pared y rompió, yo me quejé, no debería haberlo echo...
—Eh, oye ¡es mi móvil!
—¿Y qué? ¿Tienes algún problema? —Me dice mientras se acerca a mi.
—No, no...
—Ah, pensaba. —Se vuelve a alejar.
No quiero hacerles enfadar, me dan miedo. Me desatan manos y pies
—Bueno, acomódate.
Dice el joven mientras salen y cierran la puerta con llave.
Que miedo, esta habitación no tiene ventanas, es más o menos grande, de color rosa hay un reloj en la pared paralela a la puerta, cama de matrimonio en el centro, una cómoda con un espejo muy grande. En la cómoda hay perfumes de varias marcas caras, maquillaje, cremas... No entiendo nada. En ese momento me pasan una carta por debajo de la puerta.
La leo en voz baja;
A las diez y cuarto estate lista, tienes maquillaje y lo que necesites encima de la cómoda.
¿Qué esté lista para qué? Estoy asustada, quiero irme con mi madre, espero que esté bien, espero que todos estén bien, no como yo...
Miro el reloj y todavía son las siete y media, tengo tiempo, pero por si acaso voy preparándome ya. Me maquillo un poco, y me arreglo, estoy con la misma ropa con la que me secuestraron, unos shorts, una camiseta de tirantes y unas vans. Todavía no me creo lo que estoy pasando, ¿no será una broma? No lo creo, no conozco esta gente de nada, y no sé dónde estoy, mi móvil está partido a la mitad, nada va bien...
Ya llega la hora, cada vez estoy más nerviosa no sé lo que me puede pasar, entran los dos hombres de antes me atan las manos y me llevan a una especie de salón lleno de mujeres, desde mi edad, hasta poco más de veinticinco años, todas muy ligeras de ropa, me mandan sentarme en un sillón al lado de esas chicas, cuando aparece un hombre, gordito con un puro en la boca, lleno de joyas, iba en traje, muy arreglado y se sienta enfrente de mi.
—Bueno guapa, ¿como te llamas? —Dice mientras da una calada al puro.
—Alb...a. —Digo nerviosa.
—No estés tan tensa, relájate. —Dice mientras hace una mueca.
—Lo intentaré...
—No, aquí no se intenta nada, sí o sí.
Se levanta del sillón que estaba enfrente de mí, me coge del brazo y me lleva a una especie de restaurante que estaba dentro de aquella casa.
—Tenemos que hablar ya que eres nueva.
¿Hablar?,¿Hablar de qué?¿Como qué nueva? Cada vez estoy más confusa y más nerviosa...
Se sienta en una de las sillas que estaban en una mesa y me pide que me siente enfrente de él.
En la mesa hay mucha comida.
—Bueno, Alba, a partir de ahora no serás Alba, todos te conocerán como Maite.
—¿Maite? —Repito extrañada.
—Sí, Maite.
—Está bien... —Digo sin estar conforme.
—Perdón, no me presente, me llamo Gervasio, soy el director de este local
—Ah, que esto es un local, que susto, pensé que me habían secuestrado.
—Llámalo como quieras, pero está claro que de aquí no vas a salir. Nosotros "secuestramos" chicas, para que sean nuestras prostitutas, mis, prostitutas, y si alguno de los chicos quiere algo con vosotras, lo hará y vosotras no podréis quejaros.
Esto es demasiado raro, nunca había oído algo así, esto es de locos, es muy raro. Gervasio me mandó volver a mi habitación, y eso hice.
Cuando llegue al cuarto me tumbé en la cama y otra nota pasaron por debajo de la puerta.
¿Cuántos años tienes? - Vuelve a pasar la nota con la respuesta.
La vuelvo a pasar, si me quito unos años pensarán que soy muy pequeña y no me harán daño, no está mal mentir de vez en cuando.
catorce recién cumplidos.
En realidad tengo quince, y pronto cumplo dieciséis. Tardan en volver a pasar la siguiente nota, esta vez, ponía;
¿Eres virgen?Las preguntas que me hacían no eran nada normales, ni las preguntas ni nada, nada era normal, era muy surrealista todo. Parecía una película. Y otra vez, tenía que mentir para que no me hicieran nada.
Sí soy virgen.
Otra nota que pasa por debajo de la puerta, esta ponía que podía irme a dormir tranquila. Debajo de la almohada había un pijama. ¿Qué pijama era ese? No tapaba nada...
Mientras estoy durmiendo noto como que una persona me tapa los ojos con un pañuelo, me quita la sábana que me tapaba, me coge y me saca de la habitación, me lleva a otra sala, era otro cuarto, más amplio, era solo una persona, me empieza a pegar y me intento defender, cada vez los golpes son mas duros, me raja la camiseta del pijama, me sigue pegando golpes, tanto en la cabeza, como en el estómago, golpes fuertes, noto las intenciones y no son nada buenas, me intenta bajar la parte de abajo del pijama, pero ya no le dejo, le doy una patada y cae al suelo, me quito el pañuelo de los ojos y salgo corriendo y consigo salir de esa casa, llego al jardín pero un grupo de hombres me rodean y no me dejan salir, uno de ellos me empuja y...
jueves, 27 de junio de 2013
Capítulo 14; Esto no estaba en mis planes.
El día del vuelo llegó, a las seis de la mañana quedamos todos en el aeropuerto. Una vez allí hicimos todo lo que teníamos que hacer, mi madre nos acompañó, me despedí de ella y cogimos el avión. Unas horas de vuelo que merecieron la pena.
Llegamos a Colombia, por fin. Cogimos nuestras maletas y nos dirigimos hacia el hotel que habíamos reservado, dos habitaciones, una de ellas con una cama de matrimonio y otra individual, en ella dormían Jose y Sara en la de matrimonio y Claudia en la individual, en la otra habitación dormíamos Lucas y yo. Llegamos al hotel y cada uno se fue a su habitación, dejamos las cosas, nos arreglamos y quedamos todos en la recepción del hotel, todavía era por la mañana, así que decidimos ir a desayunar por ahí.
Íbamos a estar un mes en Colombia. Salimos del hotel de cuatro estrellas y fuimos a desayunar a una cafetería de los alrededores. De la que íbamos de camino encontramos una especie de mercado lleno de gente comprando y vendiendo, decidimos asomarnos a ver si había algo interesante, y efectivamente había cosas muy bonitas, ropa, accesorios... Al final nos llevamos alguna que otra prenda.
Todas las colombianas son bastante morenitas y Claudia al ser tan, pero tan blanca se sentía un poco avergonzada. Después de un rato llegamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas de la terraza.
—¿Qué queréis tomar? —Pregunta Jose mientras se levanta de la mesa.
—Una tostada y un café con hielo. —Contesto.
—Yo, un colacao. —Responde Sara.
—Pues a mi pídeme... Un café con hielo también. —Contesta Lucas.
—Marchando. —Dice Jose mientras entra al bar.
Que bonita es Colombia, hay cosas realmente impresionantes, también hay gente bastante peculiar...
Llega Jose a la mesa y se integra en la conversación.
—Vengo ahora, voy al baño. —Digo.
Cuando estoy dentro de aquel bar.
—¡¿RICHARD?!
—¡¿ALBA?!
Sí, efectivamente, era Richard mi compañero de escuela, hacía tanto tiempo que no le veía, habrían pasado 7 años desde la última vez que le vi. Es un chico morenito, de ojos verdes y de pelo castaño. Nos damos un abrazo y rápidamente emprendemos una conversación.
—¡Cuánto tiempo!, ¿Qué haces aquí? —Me pregunta Richard.
—¡Ya!, 7 años más o menos, nada simplemente vine de vacaciones un mes.
—Jo, que bien, me alegro mucho de verte.
Mientras nos damos un abrazo de despedida, entra Lucas alterado.
—¡Eh, tú! sí, tú, suelta a Alba ¡ya!
Richard se separa rápidamente, no quiere problemas.
—¿Qué narices te ha dado? Es sólo un amigo de la infancia.
—Ya, ya, espero que solo sea eso...
Se da la vuelta y sale del bar a sentarse con los demás, yo hago lo mismo.
Richard viene a traernos los cafés y demás, los posa sobre la mesa y se va, Lucas le sigue con la mirada, su expresión facial no es precisamente de felicidad. Acabamos los cafés y nos vamos a dar una vuelta, me despido de Richard, espero volver a verle, fuimos novios de pequeños, pero nada serio, la mítica bobada de niños de preescolar.
Volvimos al hotel a ducharnos, hacía demasiado calor ahí fuera, cada uno en su habitación.
—¿Seguro que sólo es un amigo? —Me pregunta Lucas entrañable.
—¡Claro que sí bobo!
—¿De qué le conocías?
—Como bien dije antes, es un amigo de la infancia, fuimos novios en preescolar.
Las caras que ponía Lucas lo explicaban todo, tendría que haberme callado lo de que fuimos novios...
Una vez todos duchamos decidimos quedar en el restaurante del hotel. Mientras estamos comiendo me llega un mensaje.
"Hola Alba, voy a tardar un poco en llegar a Londres, mi madre quiere pasar unos días en Colombia, cuando llegue a Londres, te aviso, un beso. Carlos."
Todos notaron mi cara de sorpresa, ¿enserio? No me lo creía, ni mucho menos, esto es más que casualidad. En la respuesta le conté que estaba en Colombia también, ya nos veríamos.
Cuando acabé de comer decidí subir a la habitación, no me encontraba bien, todos se quedaron abajo a comer el postre, a mi no me apetecía nada, nada más subir me tumbé en la cama. Después de un rato sube Lucas.
—¿Qué te pasa?
—Nada, simplemente me duele la barriga.
—Normal, estás todo el día comiendo, corta un poco.
¿A qué vino eso? Me pregunto.
—¿Qué cojones dices? Tampoco como tanto. —Respondo furiosa.
—No... —Responde Lucas en tono irónico.
—Vete de aquí, quiero estar sola. —Le digo mientras le dirijo hacia la puerta.
Se va, ¿a qué vino ese estúpido comentario?, ¿Será verdad? Tampoco como tanto... Intento obviar el comentario y vuelvo a la cama.
Sin darme cuenta me quedé dormida, bueno, me vino bien esa pequeña siesta, ¿dónde estarán los demás? Llamo a Sara.
—¡Hola!, ¿dónde estáis? —Pregunto medio dormida.
—Estamos dando una vuelta por Colombia, ¿te unes?
—Sí, ¿dónde estáis?
—En la plaza cerca del mercado, te esperamos aquí, no tardes.
—Me arreglo un poco, y voy.
—De acuerdo.
Salgo del hotel y llego al mercado, ¡esto es tan grande! a saber donde están... Me mezclo entre la gente del mercado, y derrepente me agarran de los brazos, me tapan la boca y los ojos, no veo nada, noto que me cogen en brazos y me meten en una especie de furgoneta o camión, no logro soltarme, estoy atada de pies y manos. Tengo frío. Después de más o menos media hora me sacan de aquel coche, sigo sin ver nada, intento pedir ayuda pero no puedo hablar. Solo oigo ruidos y voces.
—Abre la puerta, la meteremos ahí. —Dice una de las personas.
Me lanzan y caigo sobre una especie de colchón. Me destapan los ojos, son varios hombres, no les puedo ver la cara ya que tienen un pasamontañas que se las cubre, solo se le ven los ojos.
—Acomódate guapa, vas a estar aquí un tiempo.
No entiendo nada, ¿dónde narices estoy?
Llegamos a Colombia, por fin. Cogimos nuestras maletas y nos dirigimos hacia el hotel que habíamos reservado, dos habitaciones, una de ellas con una cama de matrimonio y otra individual, en ella dormían Jose y Sara en la de matrimonio y Claudia en la individual, en la otra habitación dormíamos Lucas y yo. Llegamos al hotel y cada uno se fue a su habitación, dejamos las cosas, nos arreglamos y quedamos todos en la recepción del hotel, todavía era por la mañana, así que decidimos ir a desayunar por ahí.
Íbamos a estar un mes en Colombia. Salimos del hotel de cuatro estrellas y fuimos a desayunar a una cafetería de los alrededores. De la que íbamos de camino encontramos una especie de mercado lleno de gente comprando y vendiendo, decidimos asomarnos a ver si había algo interesante, y efectivamente había cosas muy bonitas, ropa, accesorios... Al final nos llevamos alguna que otra prenda.
Todas las colombianas son bastante morenitas y Claudia al ser tan, pero tan blanca se sentía un poco avergonzada. Después de un rato llegamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas de la terraza.
—¿Qué queréis tomar? —Pregunta Jose mientras se levanta de la mesa.
—Una tostada y un café con hielo. —Contesto.
—Yo, un colacao. —Responde Sara.
—Pues a mi pídeme... Un café con hielo también. —Contesta Lucas.
—Marchando. —Dice Jose mientras entra al bar.
Que bonita es Colombia, hay cosas realmente impresionantes, también hay gente bastante peculiar...
Llega Jose a la mesa y se integra en la conversación.
—Vengo ahora, voy al baño. —Digo.
Cuando estoy dentro de aquel bar.
—¡¿RICHARD?!
—¡¿ALBA?!
Sí, efectivamente, era Richard mi compañero de escuela, hacía tanto tiempo que no le veía, habrían pasado 7 años desde la última vez que le vi. Es un chico morenito, de ojos verdes y de pelo castaño. Nos damos un abrazo y rápidamente emprendemos una conversación.
—¡Cuánto tiempo!, ¿Qué haces aquí? —Me pregunta Richard.
—¡Ya!, 7 años más o menos, nada simplemente vine de vacaciones un mes.
—Jo, que bien, me alegro mucho de verte.
Mientras nos damos un abrazo de despedida, entra Lucas alterado.
—¡Eh, tú! sí, tú, suelta a Alba ¡ya!
Richard se separa rápidamente, no quiere problemas.
—¿Qué narices te ha dado? Es sólo un amigo de la infancia.
—Ya, ya, espero que solo sea eso...
Se da la vuelta y sale del bar a sentarse con los demás, yo hago lo mismo.
Richard viene a traernos los cafés y demás, los posa sobre la mesa y se va, Lucas le sigue con la mirada, su expresión facial no es precisamente de felicidad. Acabamos los cafés y nos vamos a dar una vuelta, me despido de Richard, espero volver a verle, fuimos novios de pequeños, pero nada serio, la mítica bobada de niños de preescolar.
Volvimos al hotel a ducharnos, hacía demasiado calor ahí fuera, cada uno en su habitación.
—¿Seguro que sólo es un amigo? —Me pregunta Lucas entrañable.
—¡Claro que sí bobo!
—¿De qué le conocías?
—Como bien dije antes, es un amigo de la infancia, fuimos novios en preescolar.
Las caras que ponía Lucas lo explicaban todo, tendría que haberme callado lo de que fuimos novios...
Una vez todos duchamos decidimos quedar en el restaurante del hotel. Mientras estamos comiendo me llega un mensaje.
"Hola Alba, voy a tardar un poco en llegar a Londres, mi madre quiere pasar unos días en Colombia, cuando llegue a Londres, te aviso, un beso. Carlos."
Todos notaron mi cara de sorpresa, ¿enserio? No me lo creía, ni mucho menos, esto es más que casualidad. En la respuesta le conté que estaba en Colombia también, ya nos veríamos.
Cuando acabé de comer decidí subir a la habitación, no me encontraba bien, todos se quedaron abajo a comer el postre, a mi no me apetecía nada, nada más subir me tumbé en la cama. Después de un rato sube Lucas.
—¿Qué te pasa?
—Nada, simplemente me duele la barriga.
—Normal, estás todo el día comiendo, corta un poco.
¿A qué vino eso? Me pregunto.
—¿Qué cojones dices? Tampoco como tanto. —Respondo furiosa.
—No... —Responde Lucas en tono irónico.
—Vete de aquí, quiero estar sola. —Le digo mientras le dirijo hacia la puerta.
Se va, ¿a qué vino ese estúpido comentario?, ¿Será verdad? Tampoco como tanto... Intento obviar el comentario y vuelvo a la cama.
Sin darme cuenta me quedé dormida, bueno, me vino bien esa pequeña siesta, ¿dónde estarán los demás? Llamo a Sara.
—¡Hola!, ¿dónde estáis? —Pregunto medio dormida.
—Estamos dando una vuelta por Colombia, ¿te unes?
—Sí, ¿dónde estáis?
—En la plaza cerca del mercado, te esperamos aquí, no tardes.
—Me arreglo un poco, y voy.
—De acuerdo.
Salgo del hotel y llego al mercado, ¡esto es tan grande! a saber donde están... Me mezclo entre la gente del mercado, y derrepente me agarran de los brazos, me tapan la boca y los ojos, no veo nada, noto que me cogen en brazos y me meten en una especie de furgoneta o camión, no logro soltarme, estoy atada de pies y manos. Tengo frío. Después de más o menos media hora me sacan de aquel coche, sigo sin ver nada, intento pedir ayuda pero no puedo hablar. Solo oigo ruidos y voces.
—Abre la puerta, la meteremos ahí. —Dice una de las personas.
Me lanzan y caigo sobre una especie de colchón. Me destapan los ojos, son varios hombres, no les puedo ver la cara ya que tienen un pasamontañas que se las cubre, solo se le ven los ojos.
—Acomódate guapa, vas a estar aquí un tiempo.
No entiendo nada, ¿dónde narices estoy?
lunes, 10 de junio de 2013
Capítulo 13; Un viaje planeado.
Querido diario;
Ya se han terminado las clases, las vacaciones de verano por fin han llegado, y esta vez me voy de vacaciones con Sara y Claudia, hemos hablado de la posibilidad de ir a América, Los Ángeles, pero también nos gustaría ir a Colombia, ya que mi tía vive allí y me gustaría ir a visitarla. De todos modos, todavía hay que hablarlo con detenimiento.
El grupo de antes, Mateo, Nacho, Daniela y Claudia, ha desaparecido del todo, Daniela, ya no está entre nosotros, Nacho, se fue a vivir a Barcelona, con Mateo ya no hablo y Claudia, bueno, no tenía pensado volver a hablar con ella, pero no deja de ser una de mis mejores amigas, de todas formas no olvido todos esos momentos con ellos, siempre serán mis amigos. Lo que sentía por Mateo, al igual que nuestra amistad se ha desvanecido, eso quedará en un simple recuerdo tonto, al igual que muchos otros.
Al salir de las clases, todos estaban muy alterados, normal. Esa misma tarde, Lucas cogió el coche de su padre y nos llevó a Claudia, Sara, Jose y a mi a la playa, otra tarde entre amigos y bueno, Lucas, es más que un amigo. Sacamos la cámara y empezamos a hacer fotos como subnormales, las horas pasaron muy rápido, con Lucas... En fin, me gusta, y creo que yo a él también, pero no es seguro.
La hora de regresar a casa se acerca, hemos planeado ir a casa a ducharnos, cambiarnos y luego ir a dar una vuelta ya por la noche, y eso haremos. Claudia y Sara se preparan en mi casa. Antes de marcharnos de la playa vi a Lucas tonteando con una chica, le agarré del brazo y le llevé a la otra punta de la playa, me senté encima de una roca y empezamos a hablar.
-Bueno, es que me ha molestado bastante que estuvieras hablando con esa chica. -Le digo en tono grotesco.
—¿Por? Solo estábamos hablando.
—Ya bueno, tampoco tengo el derecho de decirte esto, porque solo somos amigos.
—Yo quiero que tengas ese derecho. -Me contesta mientras me mira a los ojos.
—¿Qué quieres decir?
—Me gustas. -Se acerca y me besa.
Un beso eterno, que hace que el tiempo se pare. Volvemos con los demás y nos vamos.
Llegamos a mi casa, subimos las tres a mi cuarto y empiezan a preguntarme.
—Pero, ¿qué hiciste con Lucas? -Pregunta Claudia.
—Nada. -Le respondo.
—Ya, ya... -Dice Sara en tono sarcástico.
—Bueno, mejor cambiamos de tema ¿no? -Digo intentando salir de la situación.
Nos duchamos y preparamos y bajamos al salón para hacer tiempo y vuelve a salir el tema, simplemente pasé de contestar.
Vinieron Jose y Lucas a picarnos, y fuimos al nuevo bar que abrieron en la ciudad.
Llegamos y les comentamos a los chicos que ibamos a ir de vacaciones a Los Ángeles o a Colombia, la opción que más nos gustaba era Colombia, pero todo se tendría que decidir.
—Una pregunta, ¿podríamos ir con vosotras? -Comenta Jose.
Sara, Claudia y yo nos miramos y asentimos a la vez.
—Claro, así todo será más divertido. -Responde Claudia.
Después de mucho discutir decidimos el día de salida, será dentro de tres semanas, e iremos a Colombia, que ganas. Ya es muy tarde y cada uno se va a su casa. Nada más llegar me tumbo en la cama de mi habitación y pienso que hecho de menos a Raúl, miro el móvil y tengo un mensaje de Carlos, un dominicano que conocí el verano pasado a través de Alfredo, mi ex-mejor amigo, yo a Carlos le conocí en agosto y a finales de septiembre se volvió a su país: La República Dominicana, a veces hablaba con él, pero casi nada. El mensaje decía: "Alba, en agosto voy a volver a Londres, cuando haya llegado te avisaré para tomar algo". Carlos me saca tres años, pero cuando le vi por primera vez, me gustó. A este mensaje le contesté: "¿Sí? ¡Genial! Espero verte pronto :) "
Que ganas de que vuelva, le echo de menos.
Ya se han terminado las clases, las vacaciones de verano por fin han llegado, y esta vez me voy de vacaciones con Sara y Claudia, hemos hablado de la posibilidad de ir a América, Los Ángeles, pero también nos gustaría ir a Colombia, ya que mi tía vive allí y me gustaría ir a visitarla. De todos modos, todavía hay que hablarlo con detenimiento.
El grupo de antes, Mateo, Nacho, Daniela y Claudia, ha desaparecido del todo, Daniela, ya no está entre nosotros, Nacho, se fue a vivir a Barcelona, con Mateo ya no hablo y Claudia, bueno, no tenía pensado volver a hablar con ella, pero no deja de ser una de mis mejores amigas, de todas formas no olvido todos esos momentos con ellos, siempre serán mis amigos. Lo que sentía por Mateo, al igual que nuestra amistad se ha desvanecido, eso quedará en un simple recuerdo tonto, al igual que muchos otros.
Al salir de las clases, todos estaban muy alterados, normal. Esa misma tarde, Lucas cogió el coche de su padre y nos llevó a Claudia, Sara, Jose y a mi a la playa, otra tarde entre amigos y bueno, Lucas, es más que un amigo. Sacamos la cámara y empezamos a hacer fotos como subnormales, las horas pasaron muy rápido, con Lucas... En fin, me gusta, y creo que yo a él también, pero no es seguro.
La hora de regresar a casa se acerca, hemos planeado ir a casa a ducharnos, cambiarnos y luego ir a dar una vuelta ya por la noche, y eso haremos. Claudia y Sara se preparan en mi casa. Antes de marcharnos de la playa vi a Lucas tonteando con una chica, le agarré del brazo y le llevé a la otra punta de la playa, me senté encima de una roca y empezamos a hablar.
-Bueno, es que me ha molestado bastante que estuvieras hablando con esa chica. -Le digo en tono grotesco.
—¿Por? Solo estábamos hablando.
—Ya bueno, tampoco tengo el derecho de decirte esto, porque solo somos amigos.
—Yo quiero que tengas ese derecho. -Me contesta mientras me mira a los ojos.
—¿Qué quieres decir?
—Me gustas. -Se acerca y me besa.
Un beso eterno, que hace que el tiempo se pare. Volvemos con los demás y nos vamos.
Llegamos a mi casa, subimos las tres a mi cuarto y empiezan a preguntarme.
—Pero, ¿qué hiciste con Lucas? -Pregunta Claudia.
—Nada. -Le respondo.
—Ya, ya... -Dice Sara en tono sarcástico.
—Bueno, mejor cambiamos de tema ¿no? -Digo intentando salir de la situación.
Nos duchamos y preparamos y bajamos al salón para hacer tiempo y vuelve a salir el tema, simplemente pasé de contestar.
Vinieron Jose y Lucas a picarnos, y fuimos al nuevo bar que abrieron en la ciudad.
Llegamos y les comentamos a los chicos que ibamos a ir de vacaciones a Los Ángeles o a Colombia, la opción que más nos gustaba era Colombia, pero todo se tendría que decidir.
—Una pregunta, ¿podríamos ir con vosotras? -Comenta Jose.
Sara, Claudia y yo nos miramos y asentimos a la vez.
—Claro, así todo será más divertido. -Responde Claudia.
Después de mucho discutir decidimos el día de salida, será dentro de tres semanas, e iremos a Colombia, que ganas. Ya es muy tarde y cada uno se va a su casa. Nada más llegar me tumbo en la cama de mi habitación y pienso que hecho de menos a Raúl, miro el móvil y tengo un mensaje de Carlos, un dominicano que conocí el verano pasado a través de Alfredo, mi ex-mejor amigo, yo a Carlos le conocí en agosto y a finales de septiembre se volvió a su país: La República Dominicana, a veces hablaba con él, pero casi nada. El mensaje decía: "Alba, en agosto voy a volver a Londres, cuando haya llegado te avisaré para tomar algo". Carlos me saca tres años, pero cuando le vi por primera vez, me gustó. A este mensaje le contesté: "¿Sí? ¡Genial! Espero verte pronto :) "
Que ganas de que vuelva, le echo de menos.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Capítulo 12; Todo tiene un fin.
...Al día siguiente un mensaje me despertó: —Princesa, siento decirte esto, me mudo, me vuelvo a México por temas de trabajo, recuerda que siempre estaré en tu corazón, he pasado los mejores días junto a ti pequeña, no te olvides de mi. Mil besos. Raúl.
Mis ojos comienzan a derramar lágrimas, ayer intenté olvidarme de él, y lo conseguí durante cinco minutos, no puedo dejar de pensar en él, es tan sencillo decirlo, tan difícil conseguirlo. Él no estaba en mi mente, estaba en mi corazón, le quería, le quería de verdad. Decir que no me importaba sería mentirme a mi misma, esto me va a costar.
Mientras, Jose, Sara y Lucas siguen durmiendo, bajo al salón a leer y a leer una y otra vez ese mensaje, las lágrimas recorren mis mejillas, no puedo, no puedo parar de llorar. Baja mi madre y se sienta conmigo en el sofá. -Alba, ¿qué te ha pasado? -Pregunta curiosa. Mi única reacción fue enseñarle el mensaje, me da un beso en la frente y vuelve al piso de arriba. Mi padre baja, intento que no me vea llorar, se dirige a la cocina, coge un vaso de agua y vuelve a subir.
Poco a poco, Sara, Jose y Lucas se van despertando. No saben ni donde están, es gracioso verles en ese estado, la resaca a mi se me ha pasado. Es sábado, hace sol ¿no es evidente? Vamos a la playa, el único problema es que Jose y Lucas no tienen bañador ¡No hay problema! Nos acercamos a una tienda cercana para que los compren, vale, está cerrada, da igual, vamos a la playa. Llegamos, extendemos las toallas y nos tumbamos a tomar el Sol Sara y yo, mientras los chicos se querían bañar, pero no tenían bañador y se tuvieron que quedar en la toalla, igual que niños pequeños, empiezan a hacer castillos de arena, patético pensamos Sara y yo, mientras estamos tomando el Sol, Jose y Lucas mantienen una conversación que no podemos evitar escuchar.
—Que gran diversión. -Dice Jose en tono irónico.
—Oye tío, yo me quiero dar un baño. -Le contesta Lucas.
—¡Tengo una idea! -Grita Jose mientras se levanta de su toalla, se quita los pantalones que traía y se queda en calzoncillos.
A Sara y a mi nos hizo tanta gracia que no podemos parar de reírnos, Lucas le sigue el juego y hace lo mismo, seguido de esto se van al agua., vaya dos, decimos al unísono, a nosotras también nos apetecía un baño, y allá vamos. Empezamos a hacer el bobo los cuatro como niños de cinco años, pero nos lo pasamos bien. Mientras estoy hablando con Sara, Lucas me coge de las piernas y me levanta, nos caemos, risas y risas durante toda la tarde. Cuando he conseguido olvidarme más o menos de Raúl, otro mensaje me llega de él: ¿Me echas de menos? Yo a ti sí, no puedo dejar de pensarte, te quiero pequeña. Simplemente le contesté:
—Sí, te echo de menos, ¡claro que lo hago! No puedo olvidarme de ti de un día para otro, yo también te quiero, y aunque me duela decirte esto, tengo que decirte que me dejes en paz, tengo que seguir con mi vida, pero nunca, prométeme que nunca me olvidarás.
Me ha dolido tener que decirle eso, pero tenía que hacerlo. No recibo respuesta...
La tarde pasa, el mensaje de Raúl me ha dejado un poco decaída, no puedo reírme con la fuerza que lo hacía, lo hago todo sin ganas, volvemos cada uno a nuestra casa. Llego a mi habitación y de la estantería saco un álbum de fotos que había echo con Raúl, fotos juntos que habíamos echo durante las tardes, momentos inolvidables que permanecerán ahí durante mucho tiempo. Otra vez, las lágrimas brotan de mis ojos como si de una fuente se tratase, no puedo olvidarle, y menos si veo esto, fotos nuestras montando en skate, y todo...
Mi madre pica a la puerta de mi cuarto.
*toc toc* —Alba, ¿puedo pasar?
—Sí mamá.
Entra y se sienta en mi cama, a mi lado.
—No llores, es una tontería, dentro de un tiempo te darás cuenta que esto simplemente es una pérdida de tiempo. Se va y cierra la puerta despacio.
Está claro que no me entiende, sé que cuando pase el tiempo me daré cuenta de ello, pero de momento me importa y mucho, para mí es algo importante. Aún son las ocho de la tarde, pero no puedo más, me echo a dormir, a la mañana siguiente un fuerte dolor de cabeza de tanto haber llorado durante la noche. Bajo a la cocina y me tomo una pastilla, me pareció oír que picaban a la puerta, voy a mirar pero no hay nadie, simplemente un skate, que consigo lleva una nota, cojo el skate y la nota y vuelvo a entrar en casa, me siento en el sofá y leo detenidamente:
No te pude contestar al mensaje, creo que este será el fin, te regalo este skate, es el que siempre utilicé, con este aprendí y quiero que tú hagas lo mismo, quiero que cuando estés triste lo mires y pienses los recuerdos que quedarán en el pasado, pero recuérdalos, y a mi con ellos, adiós.
Le quiero.
Llamo a Sara para contarle todo, me dice que me tranquilice y que aunque me haga daño a mi misma piense en él si lo necesito, vendrá ahora a casa, a parte de llamar a Sara hablo con Carla, está muy feliz allí en Barcelona, ha conseguido novio y parece que las cosas le van bien, Nacho me contó que la chica que había conocido ahora era su pareja, parece ser que también le va bien, al parecer a todos las cosas les funcionan correctamente menos a mi.
Como ahora soy amiga de Claudia algunas tardes las pasa en mi casa o yo en la suya, nos contamos secretos y todo funciona bien. Cojo el skate y en la parte de atrás ponía: "Si tú me dices ven, yo lo dejo todo". Era nuestra frase, fue ese pequeño detalle que marcó nuestra historia.
Mis ojos comienzan a derramar lágrimas, ayer intenté olvidarme de él, y lo conseguí durante cinco minutos, no puedo dejar de pensar en él, es tan sencillo decirlo, tan difícil conseguirlo. Él no estaba en mi mente, estaba en mi corazón, le quería, le quería de verdad. Decir que no me importaba sería mentirme a mi misma, esto me va a costar.
Mientras, Jose, Sara y Lucas siguen durmiendo, bajo al salón a leer y a leer una y otra vez ese mensaje, las lágrimas recorren mis mejillas, no puedo, no puedo parar de llorar. Baja mi madre y se sienta conmigo en el sofá. -Alba, ¿qué te ha pasado? -Pregunta curiosa. Mi única reacción fue enseñarle el mensaje, me da un beso en la frente y vuelve al piso de arriba. Mi padre baja, intento que no me vea llorar, se dirige a la cocina, coge un vaso de agua y vuelve a subir.
Poco a poco, Sara, Jose y Lucas se van despertando. No saben ni donde están, es gracioso verles en ese estado, la resaca a mi se me ha pasado. Es sábado, hace sol ¿no es evidente? Vamos a la playa, el único problema es que Jose y Lucas no tienen bañador ¡No hay problema! Nos acercamos a una tienda cercana para que los compren, vale, está cerrada, da igual, vamos a la playa. Llegamos, extendemos las toallas y nos tumbamos a tomar el Sol Sara y yo, mientras los chicos se querían bañar, pero no tenían bañador y se tuvieron que quedar en la toalla, igual que niños pequeños, empiezan a hacer castillos de arena, patético pensamos Sara y yo, mientras estamos tomando el Sol, Jose y Lucas mantienen una conversación que no podemos evitar escuchar.
—Que gran diversión. -Dice Jose en tono irónico.
—Oye tío, yo me quiero dar un baño. -Le contesta Lucas.
—¡Tengo una idea! -Grita Jose mientras se levanta de su toalla, se quita los pantalones que traía y se queda en calzoncillos.
A Sara y a mi nos hizo tanta gracia que no podemos parar de reírnos, Lucas le sigue el juego y hace lo mismo, seguido de esto se van al agua., vaya dos, decimos al unísono, a nosotras también nos apetecía un baño, y allá vamos. Empezamos a hacer el bobo los cuatro como niños de cinco años, pero nos lo pasamos bien. Mientras estoy hablando con Sara, Lucas me coge de las piernas y me levanta, nos caemos, risas y risas durante toda la tarde. Cuando he conseguido olvidarme más o menos de Raúl, otro mensaje me llega de él: ¿Me echas de menos? Yo a ti sí, no puedo dejar de pensarte, te quiero pequeña. Simplemente le contesté:
—Sí, te echo de menos, ¡claro que lo hago! No puedo olvidarme de ti de un día para otro, yo también te quiero, y aunque me duela decirte esto, tengo que decirte que me dejes en paz, tengo que seguir con mi vida, pero nunca, prométeme que nunca me olvidarás.
Me ha dolido tener que decirle eso, pero tenía que hacerlo. No recibo respuesta...
La tarde pasa, el mensaje de Raúl me ha dejado un poco decaída, no puedo reírme con la fuerza que lo hacía, lo hago todo sin ganas, volvemos cada uno a nuestra casa. Llego a mi habitación y de la estantería saco un álbum de fotos que había echo con Raúl, fotos juntos que habíamos echo durante las tardes, momentos inolvidables que permanecerán ahí durante mucho tiempo. Otra vez, las lágrimas brotan de mis ojos como si de una fuente se tratase, no puedo olvidarle, y menos si veo esto, fotos nuestras montando en skate, y todo...
Mi madre pica a la puerta de mi cuarto.
*toc toc* —Alba, ¿puedo pasar?
—Sí mamá.
Entra y se sienta en mi cama, a mi lado.
—No llores, es una tontería, dentro de un tiempo te darás cuenta que esto simplemente es una pérdida de tiempo. Se va y cierra la puerta despacio.
Está claro que no me entiende, sé que cuando pase el tiempo me daré cuenta de ello, pero de momento me importa y mucho, para mí es algo importante. Aún son las ocho de la tarde, pero no puedo más, me echo a dormir, a la mañana siguiente un fuerte dolor de cabeza de tanto haber llorado durante la noche. Bajo a la cocina y me tomo una pastilla, me pareció oír que picaban a la puerta, voy a mirar pero no hay nadie, simplemente un skate, que consigo lleva una nota, cojo el skate y la nota y vuelvo a entrar en casa, me siento en el sofá y leo detenidamente:
No te pude contestar al mensaje, creo que este será el fin, te regalo este skate, es el que siempre utilicé, con este aprendí y quiero que tú hagas lo mismo, quiero que cuando estés triste lo mires y pienses los recuerdos que quedarán en el pasado, pero recuérdalos, y a mi con ellos, adiós.
Le quiero.
Llamo a Sara para contarle todo, me dice que me tranquilice y que aunque me haga daño a mi misma piense en él si lo necesito, vendrá ahora a casa, a parte de llamar a Sara hablo con Carla, está muy feliz allí en Barcelona, ha conseguido novio y parece que las cosas le van bien, Nacho me contó que la chica que había conocido ahora era su pareja, parece ser que también le va bien, al parecer a todos las cosas les funcionan correctamente menos a mi.
Como ahora soy amiga de Claudia algunas tardes las pasa en mi casa o yo en la suya, nos contamos secretos y todo funciona bien. Cojo el skate y en la parte de atrás ponía: "Si tú me dices ven, yo lo dejo todo". Era nuestra frase, fue ese pequeño detalle que marcó nuestra historia.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Capítulo 11; Fiesta, fiesta y más fiesta.
La semana volada, el fin de semana pasado nada interesante. Ahora que lo pienso, desde que empecé a escribir este diario me han empezado a pasar cosas más interesantes, antes mi vida era bastante aburrida.
Bueno, a lo que iba; La semana pasó muy rápido, cada día que pasaba, mis ganas de las fiestas aumentaban. Ya viernes, por fin. Pienso. Llego a mi casa, con Sara, dejamos las mochilas y demás cosas en mi habitación, comemos rápido y subimos al piso de arriba. Nos duchamos, maquillamos y arreglamos todo lo que podemos. Unas vans, pantalones cortos, y camiseta básica, nada del otro mundo. Sara, otro tanto de lo mismo. Vamos decididas a pasárnoslo bien, nada ni nadie nos va a estropear estos días.
Ya listas, bajo a la cocina a pedirle dinero a mi madre, supongo que me dará poco. Mi voz de niña buena, sólo la utilizo en estos casos.
—Mamá, ¿me prestas algo de dinero para ir a las fiestas?
—Claro hija, toma. -Extiende la mano.
Miro, un billete de veinte euros, que bien, pensé que me iba a dar cinco o algo así... Salí de casa con Sara, ganas de pasarlo bien, estar hasta las tantas de la noche, no pensar en nadie, en mi y ya está. Liarla, desfase y demás. Llegamos a la fiesta. Hoy tenía pensado olvidarme de Raúl y de Álvaro, objetivo conseguido, nada más llegar, un grupo de tíos se me cruzan, dos de ellos me guiñan el ojo. Hay dios, pensé, y eso nada más llegar. Nos acercamos a uno de los bares a conseguir bebida.
Vamos a la zona donde están las atracciones, algunos guajes, no pasa nada. Son las nueve de la noche, la cosa se empieza a animar, me vuelvo a cruzar con los chicos de antes, esta vez más de cerca, me sonríen. ¿Dónde está Sara? La he perdido, llevo bebiendo alcohol desde las seis, no sé ni dónde estoy. Me vuelvo loca, no sé donde está sara. Me vuelvo loca buscándola, me pongo nerviosa. Aquellos chicos se me cruzan, otra vez, pero ahora deciden hablarme.
—Hola, ¿qué buscas? -Me dice uno de ellos.
—A mi amiga, la he perdido, no sé donde está.
Uno de los chicos más guapo me pide el número de teléfono, se sienta en un banco cercano y me pide que me siente, él le hace un gesto con la mano a sus amigos, ellos captan la indirecta y se van. Me quedo sola con él en el banco, Sara no está, son casi las diez de la noche, sigo sentada en el banco con ese chico que no sé ni como se llama, la curiosidad me invade.
—Bueno, llevo un rato aquí contigo y aún no sé como te llamas. - Le pregunto curiosa.
—Tienes razón, soy un mal educado, me llamo Lucas, ¿y tú?
—Alba. -Me sonrojo y le sonrío.
El tiempo pasa y yo no me doy cuenta, me lo estoy pasando muy bien, aunque esté sentada en un banco hablando, es muy majo y gracioso, además de guapo. Al rato llega Sara, con un amigo de Lucas de la mano, Lucas se levanta y va a hablar con su amigo, Sara me confiesa que está saliendo con él, me quedo anonadada, como anda la peña... Su novio se llama Jose.
Jose, Sara, Lucas y yo vamos a por algo de beber. Más alcohol, más diversión. La noche continúa, cada vez estoy peor, no puedo sostenerme. Hoy mis padres no están, mi madre está durmiendo con mi padre en el hospotal. Así que invité a Jose, Sara y a Lucas a dormir a mi casa. A la mañana siguiente...
—Hola, ¿qué buscas? -Me dice uno de ellos.
—A mi amiga, la he perdido, no sé donde está.
Uno de los chicos más guapo me pide el número de teléfono, se sienta en un banco cercano y me pide que me siente, él le hace un gesto con la mano a sus amigos, ellos captan la indirecta y se van. Me quedo sola con él en el banco, Sara no está, son casi las diez de la noche, sigo sentada en el banco con ese chico que no sé ni como se llama, la curiosidad me invade.
—Bueno, llevo un rato aquí contigo y aún no sé como te llamas. - Le pregunto curiosa.
—Tienes razón, soy un mal educado, me llamo Lucas, ¿y tú?
—Alba. -Me sonrojo y le sonrío.
El tiempo pasa y yo no me doy cuenta, me lo estoy pasando muy bien, aunque esté sentada en un banco hablando, es muy majo y gracioso, además de guapo. Al rato llega Sara, con un amigo de Lucas de la mano, Lucas se levanta y va a hablar con su amigo, Sara me confiesa que está saliendo con él, me quedo anonadada, como anda la peña... Su novio se llama Jose.
Jose, Sara, Lucas y yo vamos a por algo de beber. Más alcohol, más diversión. La noche continúa, cada vez estoy peor, no puedo sostenerme. Hoy mis padres no están, mi madre está durmiendo con mi padre en el hospotal. Así que invité a Jose, Sara y a Lucas a dormir a mi casa. A la mañana siguiente...
martes, 21 de mayo de 2013
Caítulo 10; Un pequeño susto.
01:00 am. No puedo dormir, estoy tirada en la cama, llueve, mucho, toda la casa en silencio, oigo la lluvia, la noche es fría, tengo hambre, sigilosamente me levanto de la cama y bajo a la cocina, como un par de galletas y vuelvo a mi habitación, me meto en la cama y otra vez la misma situación. El choque de las gotas de lluvia contra el cristal, ese momento me ayuda a pensar, a relajarme, a desconectar. Pienso, no en lo de siempre, no pienso en Raúl, no pienso en Álvaro, simplemente, pienso en mí, ni en mi prima Carla, solo yo.
Al final, consigo dormirme, es viernes, me despierto, desayuno, me visto y llego tarde... Otra vez aguantar el sermón de la Señorita Olivo, ya me lo sé de memoria. Voy hacia mi sitio, hoy Sara no ha venido a clase, estará mala. Pienso. Ésta vez, las clases se me hacen eternas, sigo sin centrarme en los estudios, ¿qué me pasará? La verdad, me da igual todo, saco mi móvil y empiezo a hablar con Sara.
—"Ey, ¿estás bien?"- Le pregunto.
—"Sí, me duele un poco la cabeza, nada más".
La conversación se prolonga hasta el final de las clases, no me pillaron, que suerte. Salgo de el instituto de camino a mi casa, me encuentro a Álvaro agarrado de la mano de una chica, en ese momento un ataque de celos me invadió por dentro.
—¡Álvaro! -Grité, mientras alzaba la mano.
—Hola Alba.-Dice mientras suleta la mano de esa chica desconocida y se acerca a mi.
Llega y me da dos besos, la chica que estaba con él interrumpe -Bueno, yo me voy. Álvaro le contestó con un simple "adiós". Seguimos hablando y decide acompañarme a mi casa. Cuando llegamos a la puerta, me intentó besar, pero rápidamente giré la cabeza y entré rápido en casa, no puedo, a mi me gusta Raúl, pero... Álvaro también. Ay, no sé que hacer.
Llego a casa, me tumbo en la cama y empiezo a hablar con Raúl y con Sara, con Raúl lo de siempre y con Sara otro tanto de lo mismo. Hablo con Nacho, resulta que ha encontrado una nueva chica de la que se ha enamorado. Este niño se enamora de la primera que se le cruza, él sabrá lo que hace. Mis padres no están en casa, la última vez que vi a mi madre fue esta mañana. Me echo a dormir. Al levantarme veo un mensaje nuevo. "Alba, estamos en el hospital, tu padre ha tenido un accidente de tráfico, nada grave, llegaré un poco tarde" Ese mensaje me asusta, me levanto rápido, me peino un poco, y pido un taxi. Llego al hospital y mi padre está en una camilla, mi madre sentada en una silla a sulado. Todo parece correcto, un simple susto. Paso allí la tarde, a mi padre le darán el alta en unos días, un simple dolor de cuello. Mi madre y yo volvemos a casa. Le cuento a Sara lo sucedido, viene lo más rápido que puede, se queda a dormir. Mi padre está bien, dos días más y como nuevo.
Pronto serán las fiestas de la ciudad, alcohol, diversión, amigos... Simplemente pasármelo bien, las fiestas empezarán el viernes que viene hasta el lunes. Tenemos todos los días organizados, cada minuto, cada cosa que haremos, todo. Hay veces que es mejor hacer las cosas sobre la marcha, es mas espontáneo, más divertido, pero no tenemos nada mejor que hacer. Al día siguiente, al centro comercial, unas risas no me vendrán nada mal. Ya sé que mi padre está bien, pero estoy preocupada, salimos de allí y nos dirigimos al hospital para verle. Llegamos a la habitación "223" no está ¿Dónde está? Mi corazón late más rápido cada segundo que pasa, me vuelvo loca, le digo a Sara que espere en la habitación, bajo corriendo a la cafetería, ahí esta.
—¡Papá!
—Dime Alba. -Me dice mientras da el último bocado a su sandwich.
—No puedes moverte de la habitación, estas mal.
—Estoy perfectamente, me dio permiso el doctor Silvino.
Me voy calmando, subimos hasta la habitación. Le enseño la ropa y demás accesorios que me compré, como siempre, me dice que he gastado demasiado. Un beso en la mejilla, me despido de él.
Volvemos a casa, creo que Sara se queda todo el fin de semana.
Al final, consigo dormirme, es viernes, me despierto, desayuno, me visto y llego tarde... Otra vez aguantar el sermón de la Señorita Olivo, ya me lo sé de memoria. Voy hacia mi sitio, hoy Sara no ha venido a clase, estará mala. Pienso. Ésta vez, las clases se me hacen eternas, sigo sin centrarme en los estudios, ¿qué me pasará? La verdad, me da igual todo, saco mi móvil y empiezo a hablar con Sara.
—"Ey, ¿estás bien?"- Le pregunto.
—"Sí, me duele un poco la cabeza, nada más".
La conversación se prolonga hasta el final de las clases, no me pillaron, que suerte. Salgo de el instituto de camino a mi casa, me encuentro a Álvaro agarrado de la mano de una chica, en ese momento un ataque de celos me invadió por dentro.
—¡Álvaro! -Grité, mientras alzaba la mano.
—Hola Alba.-Dice mientras suleta la mano de esa chica desconocida y se acerca a mi.
Llega y me da dos besos, la chica que estaba con él interrumpe -Bueno, yo me voy. Álvaro le contestó con un simple "adiós". Seguimos hablando y decide acompañarme a mi casa. Cuando llegamos a la puerta, me intentó besar, pero rápidamente giré la cabeza y entré rápido en casa, no puedo, a mi me gusta Raúl, pero... Álvaro también. Ay, no sé que hacer.
Llego a casa, me tumbo en la cama y empiezo a hablar con Raúl y con Sara, con Raúl lo de siempre y con Sara otro tanto de lo mismo. Hablo con Nacho, resulta que ha encontrado una nueva chica de la que se ha enamorado. Este niño se enamora de la primera que se le cruza, él sabrá lo que hace. Mis padres no están en casa, la última vez que vi a mi madre fue esta mañana. Me echo a dormir. Al levantarme veo un mensaje nuevo. "Alba, estamos en el hospital, tu padre ha tenido un accidente de tráfico, nada grave, llegaré un poco tarde" Ese mensaje me asusta, me levanto rápido, me peino un poco, y pido un taxi. Llego al hospital y mi padre está en una camilla, mi madre sentada en una silla a sulado. Todo parece correcto, un simple susto. Paso allí la tarde, a mi padre le darán el alta en unos días, un simple dolor de cuello. Mi madre y yo volvemos a casa. Le cuento a Sara lo sucedido, viene lo más rápido que puede, se queda a dormir. Mi padre está bien, dos días más y como nuevo.
Pronto serán las fiestas de la ciudad, alcohol, diversión, amigos... Simplemente pasármelo bien, las fiestas empezarán el viernes que viene hasta el lunes. Tenemos todos los días organizados, cada minuto, cada cosa que haremos, todo. Hay veces que es mejor hacer las cosas sobre la marcha, es mas espontáneo, más divertido, pero no tenemos nada mejor que hacer. Al día siguiente, al centro comercial, unas risas no me vendrán nada mal. Ya sé que mi padre está bien, pero estoy preocupada, salimos de allí y nos dirigimos al hospital para verle. Llegamos a la habitación "223" no está ¿Dónde está? Mi corazón late más rápido cada segundo que pasa, me vuelvo loca, le digo a Sara que espere en la habitación, bajo corriendo a la cafetería, ahí esta.
—¡Papá!
—Dime Alba. -Me dice mientras da el último bocado a su sandwich.
—No puedes moverte de la habitación, estas mal.
—Estoy perfectamente, me dio permiso el doctor Silvino.
Me voy calmando, subimos hasta la habitación. Le enseño la ropa y demás accesorios que me compré, como siempre, me dice que he gastado demasiado. Un beso en la mejilla, me despido de él.
Volvemos a casa, creo que Sara se queda todo el fin de semana.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)