miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 12; Todo tiene un fin.

...Al día siguiente un mensaje me despertó: Princesa, siento decirte esto, me mudo, me vuelvo a México por temas de trabajo, recuerda que siempre estaré en tu corazón, he pasado los mejores días junto a ti pequeña, no te olvides de mi. Mil besos. Raúl.

Mis ojos comienzan a derramar lágrimas, ayer intenté olvidarme de él, y lo conseguí durante cinco minutos, no puedo dejar de pensar en él, es tan sencillo decirlo, tan difícil conseguirlo. Él no estaba en mi mente, estaba en mi corazón, le quería, le quería de verdad. Decir que no me importaba sería mentirme a mi misma, esto me va a costar. 

Mientras, Jose, Sara y Lucas siguen durmiendo, bajo al salón a leer y a leer una y otra vez ese mensaje, las lágrimas recorren mis mejillas, no puedo, no puedo parar de llorar. Baja mi madre y se sienta conmigo en el sofá. -Alba, ¿qué te ha pasado? -Pregunta curiosa. Mi única reacción fue enseñarle el mensaje, me da un beso en la frente y vuelve al piso de arriba. Mi padre baja, intento que no me vea llorar, se dirige a la cocina, coge un vaso de agua y vuelve a subir.

Poco a poco, Sara, Jose y Lucas se van despertando. No saben ni donde están, es gracioso verles en ese estado, la resaca a mi se me ha pasado. Es sábado, hace sol ¿no es evidente? Vamos a la playa, el único problema es que Jose y Lucas no tienen bañador ¡No hay problema! Nos acercamos a una tienda cercana para que los compren, vale, está cerrada, da igual, vamos a la playa. Llegamos, extendemos las toallas y nos tumbamos a tomar el Sol Sara y yo, mientras los chicos se querían bañar, pero no tenían bañador y se tuvieron que quedar en la toalla, igual que niños pequeños, empiezan a hacer castillos de arena, patético pensamos Sara y yo, mientras estamos tomando el Sol, Jose y Lucas mantienen una conversación que no podemos evitar escuchar.

Que gran diversión. -Dice Jose en tono irónico.
Oye tío, yo me quiero dar un baño. -Le contesta Lucas.
¡Tengo una idea! -Grita Jose mientras se levanta de su toalla, se quita los pantalones que traía y se queda en calzoncillos. 

A Sara y a mi nos hizo tanta gracia que no podemos parar de reírnos, Lucas le sigue el juego y hace lo mismo, seguido de esto se van al agua., vaya dos, decimos al unísono, a nosotras también nos apetecía un baño, y allá vamos. Empezamos a hacer el bobo los cuatro como niños de cinco años, pero nos lo pasamos bien. Mientras estoy hablando con Sara, Lucas me coge de las piernas y me levanta, nos caemos, risas y risas durante toda la tarde. Cuando he conseguido olvidarme más o menos de Raúl, otro mensaje me llega de él: ¿Me echas de menos? Yo a ti sí, no puedo dejar de pensarte, te quiero pequeña. Simplemente le contesté: 

Sí, te echo de menos, ¡claro que lo hago! No puedo olvidarme de ti de un día para otro, yo también te quiero, y aunque me duela decirte esto, tengo que decirte que me dejes en paz, tengo que seguir con mi vida, pero nunca, prométeme que nunca me olvidarás.

Me ha dolido tener que decirle eso, pero tenía que hacerlo. No recibo respuesta...

La tarde pasa, el mensaje de Raúl me ha dejado un poco decaída, no puedo reírme con la fuerza que lo hacía, lo hago todo sin ganas, volvemos cada uno a nuestra casa. Llego a mi habitación y de la estantería saco un álbum de fotos que había echo con Raúl, fotos juntos que habíamos echo durante las tardes, momentos inolvidables que permanecerán ahí durante mucho tiempo. Otra vez, las lágrimas brotan de mis ojos como si de una fuente se tratase, no puedo olvidarle, y menos si veo esto, fotos nuestras montando en skate, y todo... 

Mi madre pica a la puerta de mi cuarto.

*toc toc* Alba, ¿puedo pasar?

Sí mamá. 
Entra y se sienta en mi cama, a mi lado. 
No llores, es una tontería, dentro de un tiempo te darás cuenta que esto simplemente es una pérdida de tiempo. Se va y cierra la puerta despacio.

Está claro que no me entiende, sé que cuando pase el tiempo me daré cuenta de ello, pero de momento me importa y mucho, para mí es algo importante. Aún son las ocho de la tarde, pero no puedo más, me echo a dormir, a la mañana siguiente un fuerte dolor de cabeza de tanto haber llorado durante la noche. Bajo a la cocina y me tomo una pastilla, me pareció oír que picaban a la puerta, voy a mirar pero no hay nadie, simplemente un skate, que consigo lleva una nota, cojo el skate y la nota y vuelvo a entrar en casa, me siento en el sofá y leo detenidamente: 

No te pude contestar al mensaje, creo que este será el fin, te regalo este skate, es el que siempre utilicé, con este aprendí y quiero que tú hagas lo mismo, quiero que cuando estés triste lo mires y pienses los recuerdos que quedarán en el pasado, pero recuérdalos, y a mi con ellos, adiós.

Le quiero.

Llamo a Sara para contarle todo, me dice que me tranquilice y que aunque me haga daño a mi misma piense en él si lo necesito, vendrá ahora a casa, a parte de llamar a Sara hablo con Carla, está muy feliz allí en Barcelona, ha conseguido novio y parece que las cosas le van bien, Nacho me contó que la chica que había conocido ahora era su pareja, parece ser que también le va bien, al parecer a todos las cosas les funcionan correctamente menos a mi. 

Como ahora soy amiga de Claudia algunas tardes las pasa en mi casa o yo en la suya, nos contamos secretos y todo funciona bien. Cojo el skate y en la parte de atrás ponía: "Si tú me dices ven, yo lo dejo todo". Era nuestra frase, fue ese pequeño detalle que marcó nuestra historia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario